Lo que se hace con el corazón, llega al corazón”.
Hoy la Virgen de la Coronada pasó por nuestras vidas, por nuestras calles.
Lo que hemos vivido esta tarde no se puede medir con palabras, sino con la emoción y la entrega de cada uno de vosotros. Hoy se ha demostrado que la devoción no es solo un sentimiento.
El silencio habitual de la tarde se rompió con el murmullo de los vecinos en las aceras, saliendo a sus puertas engalanadas para recibirla, para aplaudirla, para acompañarla. El barrio entero se convirtió en un taller de amor, un hervidero de ilusión para celebrar que Ella, la Coronada, iba a pasar por sus puertas.
La primera parada frente a nuestros mayores: hombres y mujeres que han visto pasar la vida. No hicieron falta palabras, se cruzaron las miradas cansadas con los ojos de la Madre.
El siguiente latido de fuerte intensidad nos esperaba a las puertas del colegio. Allí, la inocencia se hizo bienvenida. Los niños, con los ojos abiertos de par en par, reflejaban en sus pupilas los destellos de la corona de la Madre.
Hoy no solo hemos acompañado a la Virgen; nos hemos mirado a los ojos y nos hemos reconocido como hermanos, nos hemos emocionados juntos, y hemos reído con la fuerza de los que se saben parte de algo grande, eterno y vivo.
De nuevo se paró el tiempo, para cantar a una sola voz y para demostrar cuánto amor somos capaces de dar cuando nos mueve la devoción a nuestra Madre Coronada.
No podemos dejar de decir GRACIAS, GRACIAS y MIL VECES GRACIAS a todas y cada una de las personas que trabajan para vivir este año tan especial. GRACIAS a todos los devotos, a nuestros hermanos de las demás cofradías y hermandades de Villafranca que siempre nos acompañan; a los vecinos, que se esmeran en adornar sus calles; a nuestros costaleros, pilares fundamentales de nuestra hermandad; a nuestros acólitos y todas y cada una de las personas que, desde el silencio, han hecho de nuevo que merezca la pena seguir realizando la misión de la Coronada, la misión de la Reina y Madre de Villafranca.
GRACIAS VILLAFRANCA, en esta ciudad sabemos que a Jesús, por María.


















