Historia

«Asimismo tiene una ermita fuera de la villa, con advocación y título de Santa Maria de la Coronada, de tan gran edificio, que ninguna en la Provincia le hace ventaja, y la Imagen es antigua, y de mucha devoción.«

Bernabé Moreno de Vargas. Historia de la ciudad de Mérida, 1633.

A las afueras de la villa y cerca de ella, había una pequeña ermita dedicada a la Coronada. En tal estado de ruina se encontraba su fábrica, que el prior de San Marcos, don García Ramírez, la mandó derribar. Su mayordomo, de las limosnas y rentas de diez fanegas de tierra que tenía la ermita, empezó a construir una nueva y en 1494 estaba levantada ya la capilla mayor. No sabemos donde estaría exactamente la primitiva ermita, de lo que sólo tenemos la referencia que estaba cerca de la nueva y que en su altar mayor había una imagen de Nuestra Señora de bulto, vestida con un lienzo blanco labrado en seda y una cruz de palo grande.

El origen de Nuestra Señora de la Coronada se pierde en los primeros años de la recién fundada villa de Villafranca del Maestre. Ante la inexistencia de fuentes escritas que nos permitan establecer el origen de esta advocación mariana en Villafranca, solamente podemos recurrir a la tradición oral que ha perdurado hasta nuestros días. 

Según dice una de las muchas versiones que existen de la aparición de la imagen de la Virgen, un campesino de Villafranca, mientras trabajaba en el campo, halló una muñeca que llamó su atención por su gran belleza. Este campesino decidió guardarla para llevársela a su hija como regalo. Cuando el campesino llegó a su casa, se percató que la muñeca había desaparecido. Maldiciendo su fortuna por haber perdido tan grato regalo para su hija, continuó al día siguiente con sus labores agrícolas. La fortuna le volvió a sonreír, ya que volvió a encontrar la imagen en el mismo lugar que el día anterior. Volvió a guardarla con el mismo propósito, pero de igual manera, la muñeca no llegó a su casa. 

Esta situación volvió a repetirse al día siguiente. Ante el desconcierto que esta situación le provocó al campesino, este decidió contarle lo sucedido a su mujer. La esposa decidió acompañarlo al campo y, evidentemente, volvieron a hallar la muñeca en el mismo lugar que los días anteriores. La situación cambió cuando la esposa del campesino se percató que aquella imagen no era una muñeca, sino un simulacro de Nuestra Señora. Dado que la imagen de la Virgen no parecía querer moverse de ese lugar, los vecinos de aquella primitiva Villafranca decidieron construir un templo para guarecerla. 

Otra versión señala que el campesino si logra llevar la imagen a su casa y es allí donde su esposa la reconoce como una imagen de la Virgen. El hallazgo es comunicado al sacerdote de la villa quien decide construir una capilla. Al trasladar la imagen en un carro de bueyes estos se paran en mitad de un paraje y se niegan a seguir caminando; esto es interpretado como una señal divina sobre cuál debe ser el lugar donde construir la ermita.

Por lo tanto, se puede decir que la Virgen acoge su advocación de este paraje donde se levanta hoy en día su Santuario. 

El Santuario de Nuestra Señora de la Coronada se emplaza en la zona noreste de Villafranca de los Barros, junto a la carretera de Palomas y muy cercana a las inmediaciones del Colegio San José. A pesar de que hoy en día se encuentra en pleno casco urbano, este templo en su origen se encontraba alejado de la zona urbanizada de la villa.

Debido a la fuerte devoción que despertaba la imagen de la Virgen, el entorno de la por entonces ermita se convirtió en un polo de atracción urbano. Por este motivo, la localidad fue creciendo en torno a la calle Alzada y ampliándose las calles Coronada y Calvario. Junto al templo, se encontraba la silera y el Ejido

El templo mariano consta de cinco partes bien diferenciadas en el exterior: campanario, nave principal, capilla mayor, sacristía y camarín. A pesar de que el actual templo está documentado desde el siglo XVI, las sucesivas reformas que ha sufrido han modificado sustancialmente su aspecto, conservando solamente de su estado original la puerta del Perdón y la bóveda de la capilla mayor. 

Elementos significativos que se han visto modificados: los contrafuertes, las dos puertas de acceso, el remate del campanario, la eliminación del muro del atrio. 

Arcos apuntados superpuestos con molduras en los pilares. Es uno de los elementos más antiguos del santuario. Debido a que todo el templo está encalado desconocemos si en origen esta puerta estuvo policromada. 

En la parte superior, en el campanario, recientemente se han recuperado diversos elementos decorativos que tenía la antigua ermita como son el escudo de la Virgen, un sol, una luna y cuatro figuras antropomorfas en las esquinas de la torre. 

El sol y la luna, junto con la imagen de la Virgen, puede hacer referencia al pasaje del apocalipsis “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”

La disposición actual del templo es fruto de las reformas llevadas a cabo durante el siglo XVIII. Las primeras noticias que tenemos sobre la ermita de la Virgen de la Coronada data de finales del siglo XV. Dado el grado de deterioro que presentaba la ermita original, el prior de San Marcos, don García Ramírez ordena su derribo y levantar una de nueva planta. En la visita que realiza la Orden de Santiago a la villa hacen constar que la capilla mayor de la nueva ermita ya estaba terminada en 1505 y en ella ya se hallaba una imagen de Nuestra Señora de la Coronada de bulto vestida con lienzo blanco labrado en seda y con una gran cruz presidiendo el altar. 

En 1550 la ermita está totalmente acabada y decorada, y desde hacía varias décadas ya estaba abierta al culto.  En los pies se abría una puerta (Puerta del Perdón) sobre la cual se situaba el campanario, que contaba con dos campanas. En la parte interior, un coro con órgano para los oficios litúrgicos. 

La iglesia estaba dividida en tres naves cubiertas con artesonado separadas por dos hileras de arcos de ladrillo. La capilla mayor era la única que contaba con bóveda de crucería de tres claves de ladrillo, que es la que se conserva en la actualidad. A los lados de la capilla mayor, un altar de Nuestra Señora con su Hijo en el lado del Evangelio, y un altar de Santa Lucia (imagen que se conserva) en el lado de la Epístola. De igual modo, los libros de visita indican que los muros de la ermita estaban decorados con pinturas murales que representaban pasajes del Nuevo Testamento. 

El hecho de que la entonces ermita, actual santuario, de la Virgen de la Coronada se haya conservado hasta nuestros días como uno de los monumentos más significativos de nuestra localidad, demuestra el continuo fervor del pueblo villafranqués por su patrona. Esto se observa en las donaciones, el gran patrimonio del que gozó (y goza), en las continuas limosnas y sobre todo en los exvotos, pruebas de su carácter milagroso. 

Era tan popular el carácter sobrenatural de la Virgen hasta el punto de que existía una tabla y un libro donde se recogían todos los milagros que había obrado en los siglos XVII y XVIII. Desgraciadamente, ninguno de estos dos testimonios ha llegado hasta nuestros días.

A pesar de ello, contamos con otras referencias que nos informan de hasta qué punto fue considerada la Virgen como una imagen milagrosa. El más conocido hasta ahora es el llamado milagro de las campanas de 1665, en el cual, según, los testigos del momento, la campana de la torre de la Coronada sonó varias veces en mitad de la noche, sin que hubiera nadie en el templo. 

El templo a lo largo de todo el siglo XVII fue adquiriendo mayor protagonismo en la vida religiosa de Villafranca, y todo esto se fue manifestando en las continuas limosnas que la población ofrecía a la Virgen. Esto permitió a la ermita administrar un extenso patrimonio de tierras y censos que le reportaban beneficios destinados al mantenimiento del templo y al desarrollo del culto. 

El desarrollo económico que se vivió a lo largo del siglo XVIII favoreció que el templo fuera sometido a una profunda reforma que cambiaría su fisonomía. Se añadió el camarín (1741), las tres naves del cuerpo principal fueron sustituidas por una sola con bóveda de cañón y además se reestructuró la sacristía (1779). Fruto de esa reforma, el templo perdió las pinturas murales que decoraban los muros y los pequeños altares adosados. 

La imagen que preside el altar es una talla de bulto redondo de Santa Lucia cuya autoría es anónima. Esta imagen, junto con la de la Virgen de la Coronada, es una de las más antiguas del santuario ya que en la visita general de la Orden de Santiago de 1575 se hace referencia a ella. Su lugar original era uno de los altares laterales del altar Mayor pero tras las reformas del templo en el siglo XVIII se trasladó a su actual ubicación. El retablo fue realizado en 1733 por Mateo Rodríguez Ortega. Sus principales características son las grandes columnas salomónicas que flanquean la hornacina central donde se encuentra la imagen de la santa. El resto de la decoración se completa con elementos florales en dorado y blanco. En las paredes laterales se encuentran las imágenes de San Francisco y San Judas Tadeo.

Devoción a Santa Lucía (Luz para el mundo). Mártir cristiana, que padeció el martirio durante la persecución de Diocleciano. Existe la leyenda de que fue la belleza de los ojos de Lucía la que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella se los arrancó y se los envió. Lleno de remordimiento e impresionado por el valor de Lucía, el pretendiente se convirtió al cristianismo.​ Una leyenda medieval decía que, cuando Lucía estaba en el tribunal, aun sin ojos, seguía viendo.

Preside esta capilla el retablo de estilo neoclásico de principios del siglo XIX. En la hornacina central se encuentra la imagen de San Francisco de Paula fechado en 1794, obra de Blas Molner, artista valenciano instalado en Sevilla. En las hornacinas laterales se encuentran las imágenes de comienzos del siglo XX de San Felipe Neri y San Isidro Labrador (1923). En una de las paredes de la capilla, en un pedestal de madera se ubica una imagen en barro cocido sin policromar de San Juan de Dios.

San Francisco de Paula: eremita, fundador de la Orden de los Mínimos y santo de la Iglesia católica. A diferencia de otros fundadores de órdenes religiosas, nunca fue ordenado sacerdote. Patrón de los delineantes 

Emblema oficial e histórico de la Orden de los Mínimos (Charitas = caridad). Puede utilizarse la sola palabra, aunque a veces se la enmarca dentro de un sol, se la corona o se la integra dentro de un contexto más amplio formando un escudo con otras imágenes o expresiones (como IHS MA, Arma militiae nostrae, etc.).

En origen, durante los siglos XVII-XVIII esta capilla estaba dedicada a la Vera Cruz. En 1910 doña Teresa Gordillo y Navarro financió un nuevo retablo de estilo neogótico bajo la advocación de Santa Teresa de Jesús (monja, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos mística y escritora española. Beatificada en 1614 canonizada en 1622 y proclamada doctora de la Iglesia Católica en 1970 durante el pontificado de Pablo VI. 

La hornacina central está flanqueada por Santa Eulalia de Mérida (patrona de la Juventud y antigua patrona de España) y Santa Inés (1923). En las paredes laterales se encuentran la Virgen del Pilar y San Juan Macías, santo extremeño nacido en la vecina localidad de Ribera del Fresno.

La imagen de Jesús Nazareno fue realizada por el escultor extremeño Gabino Amaya Guerrero (Puebla de Sancho Pérez 1914- Madrid 1979) a mediados del siglo XX. La ejecución fue costeada por doña Esperanza Pérez-Boza en sufragio de su hijo fallecido. El autor reflejó justo el momento antes en el que Jesús, camino del Monte Calvario, cae con la cruz a cuestas. Destaca la expresión facial, con la mirada fija en el horizonte y las manos agarradas a la cruz donde se observa un gran estudio de la anatomía, proporcionándole un gran realismo. Esta imagen es una de las titulares de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de la Virgen de los Dolores. Su estación de penitencia se realiza el Jueves Santo, iniciando su recorrido desde este santuario. La devoción popular se manifiesta muy intensamente ante esta imagen el primer viernes de marzo, día en el que se ofrece un besamanos y se solicitan las popularmente conocidas como “las tres cosas al Señor” El retablo donde se ubica la imagen es de estilo neogótico de mediados del siglo XX.

El retablo que preside esta capilla es del estilo barroco dieciochesco español. En origen esta capilla estuvo dedicada a la Asunción de la Virgen, pero durante el siglo XIX varias de las capillas del santuario fueron modificadas. Es en ese momento cuando pasa a ocupar la Virgen de la Encarnación su titularidad. La decoración del retablo se compone de elementos vegetales, situándose en la hornacina central la imagen de la Virgen. En el ático aparece representada una corona de azucenas, símbolo mariano, y coronando todo el conjunto la representación del Espíritu Santo. En la pared de la Capilla Mayor se encuentra el altar del Cristo de la Misericordia, imagen que fue donada en acción de gracias a comienzos del siglo XX.

En origen la advocación de la imagen titular era de la Candelaria y se ubicaba en la torre de la parroquia de Santa Maria del Valle. Cuando la imagen pasó a formar parte de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Fe, el artista villafranqués Antonio Canseco retalló el rostro inspirándose en su mujer, transformándola en una Virgen Dolorosa y confiriéndole una nueva advocación. En las hornacinas laterales se encuentran San Antonio y la Virgen del Carmen. Del retablo destaca su estilo barroco dieciochesco decorado con elementos vegetales y querubines.

La capilla mayor es uno de los pocos elementos originales que se conservan de la construcción del templo en el siglo XVI. Consta con una bóveda de crucería con tres claves, las cuales seguramente estarían policromadas (al igual que la del sotocoro de la iglesia parroquial) Cuenta con dos ventanas con vidrieras del siglo XX traídas de Múnich. En este espacio es donde se conserva la conocida Tesis de la Coronada (tesis doctoral del siglo XVIII de un alumno de la Universidad de Salamanca) 

Se tiene constancia de haber existido tres retablos en el templo de la Coronada. El retablo gótico del siglo XVI fue sustituido por uno de estilo barroco donde se intensificó la advocación de la Virgen ya que aparecían dos ángeles coronando a la imagen. En la década de los años 70 del siglo XVIII el retablo vuelve a ser sustituido por el actual. 

El retablo que preside el altar mayor data de la segunda mitad del siglo XVIII, más concretamente en la década de 1770 según consta en los Libros de Cuenta del Santuario. Por desgracia, hasta la fecha, desconocemos la autoría de este, aunque se sospecha que fue realizado en Zafra. 

El retablo está dividido en tres partes por cuatro columnas, de las cuales las dos laterales están sostenidas por ángeles. El fuste de estas columnas laterales comienza con un estriado en espiral que después deja paso a los adornos de tipo vegetal propios del Barroco. En cambio, las columnas internas carecen de estrías y están completamente decoradas con motivos vegetales.  

El centro del retablo está presidido por la imagen de Nuestra Señora de la Coronada. A los lados de este, a comienzos del siglo XX, se instalaron dos hornacinas neogóticas con las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y San José En la parte inferior de la hornacina de la Virgen se encuentra el Sagrario Perpetuo, que fue instalado solemnemente en 1883. Rematando el conjunto del retablo, en el ático, se encuentra el Padre Eterno rodeado de ángeles.  

La falta de datos sobre el origen de la imagen de Nuestra Señora de la Coronada dio lugar al desarrollo de ciertas leyendas sobre su llegada a Villafranca. La advocación de la Virgen —de la Coronada— está íntimamente relacionada a estas leyendas. Según indican, la imagen fue hallada por un campesino de Villafranca mientras trabajaba en el campo en el paraje popularmente conocido como “La Coronada”, que significa colina de poca altura.  En torno al lugar donde fue hallada se construyó una ermita. La imagen que actualmente contemplamos está datada a finales del siglo XVI.

La Virgen de la Coronada es una talla de bulto redondo realizada en madera policromada y estofada. En la parte inferior cuenta con una media luna. En la mano izquierda sostiene al Niño Jesús, mientras que en la derecha porta cetro y bastón de mando ya que ostenta el título de alcaldesa honoraria perpetua de Villafranca. La mayor parte del año la imagen se presenta en su estado original, aunque en fechas señaladas es ataviada con ricas vestimentas.

La imagen de la Virgen de la Coronada fue coronada canónicamente el 7 de octubre de 1951 por el obispo de Badajoz, don José María Alcaraz. La corona de la Virgen y del Niño fueron realizadas en los talleres Granda y sufragadas por el pueblo de Villafranca.

En este siglo se construye el coro que existe en la actualidad (como indica la inscripción), se instala la reja de la capilla mayor, se enlosa el suelo y se contra tanto la sillería coral procedente de Hornachos) como el órgano (procedente de Higuera la Real, estilo pombalino, Portugal). 

Reformada tras la construcción del camarín y modificada con la nueva puerta de acceso. Bóveda decorada. Conserva el tesoro de la Virgen y un mueble donado por la familia Tous de Monsalve. 

Cuadros: Anunciación, Coronación, Visitación, Purificación, Desposorios, Natividad y Huida a Egipto (año 1859) / Sagrado Corazón Jesús y María, San José y Santa Teresa (año 1886)

Cuadro antiguo de la Purísima Concepción. CONCEPTIO TUA, DEI GENITRIX VIRGO, GAUDIUM ANUNCIAVIT UNIVERSO MUNDO/ TU CONCEPCIÓN, O VIRGEN MADRE DE DIOS, ANUNCIÓ LA ALEGRÍA A TODO EL MUNDO. Siglo XVII. 

Exvoto pictórico: Isabel, hija de Joseph Zafra y Antonia Cabo, vecinos de esta villa, estando en peligro de morir cobró la salud por intercesión de Nuestra Señora de Coronada. Año de 1765. 

El camarín se construyó en 1741. En él se conserva un retablo dedicado a san Rafael y a la Virgen del Tránsito. Cuenta con cúpula decorada con pinturas murales, sin linterna. La luz natural se obtiene con la ventana abierta en el muro. 

Este altar fue donado por Rafael Ceballos y Manuela de Sanabria en 1762. A la imagen de la Virgen del Tránsito se le han atribuido muchas leyendas populares tales como que le crecían el pelo y las uñas, y si era tocada, propiciaba la lluvia.